Y es que ayer se evidenció el por qué de la ocasional ineptitud de Lewis Hamilton al volante.
Así de maltratado quedó el Porsche Carrera GT que le prestaron a "papá grúa" tras estrellarlo contra un parque infantil a doscientos metros de su casa. Asegura que es el primer accidente que ha tenido a lo largo de los treinta años que lleva disfrutando de su permiso de conducir, e intenta disculparse alegando que no estaba preparado para dominar el poder de este impresionante coche.
Hay que agradecer que no haya habido ningún herido.
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