
Numerosos medios se hacen eco hoy de este cartel que durante el verano ha ido proliferando en las vallas publicitarias de Sevilla. El eslogan: ¿Tan poco vales que tienes que pagar? La prostitución existe porque tú pagas. Parece que nuestro Ayuntamiento, a falta de inspiración para mejorar, por ejemplo, la prácticamente inexistente oferta cultural de la ciudad, ha encontrado una nueva manera de despilfarrar el dinero.
¿Y por qué digo esto? Este cartel no trata de suscitar un debate sobre prostitución sí, prostitución no. En esta ciudad nada es susceptible de ser debatido: todo lo que huela a divergencia en cuanto al punto de vista del sevillanito de náuticos, polito y pelo engominado, es hábilmente sepultado de antemano.
El motivo real de esta campaña es, según sevilla.org:
incidir en la imagen del uso habitual de la prostitución, como patrón de comportamiento típicamente masculino, para poner de relieve la situación de vulnerabilidad emocional, personal y social en la que se encuentran las mujeres sometidas a este tipo de explotación, al tiempo que se busca una actitud de rechazo personal y social ante esta práctica. Rechazo personal en cuanto a que se cuestiona el "valor" de los hombres que por diversas circunstancias recurren a la prostitución; rechazo social porque intencionadamente se aspira a conseguir el rechazo generalizado y el "afeamiento" social de esta forma de explotación.
Y no se queda ahí:
Es importante destacar que con esta Campaña no se pretende cuestionar, en ningún aspecto, a las mujeres que se encuentran en situación de explotación sexual. El objetivo de esta actuación es modificar la imagen y la visión que socialmente se tiene de los hombres que usan la prostitución y de la prostitución en si misma, como práctica que encubre una forma más de violencia de género y en consecuencia, atentatoria de los derechos fundamentales de las mujeres.
Se pueden sacar algunas conclusiones de la admirable retórica de estas feministas de Prêt-à-porter -nótese el regustillo ritintinesco del discurso, digno de bronca de novia despechada; perlitas cargadas de ironía con detalles como entrecomillar el "valor"- que, lamentablemente, desde hace un tiempo tienen carta libre en las instituciones de nuestro país.
1. La prostitución es una opción rechazable a toda costa.
2. Si sospechas que tu vecino se beneficia a alguna prostituta de vez en cuando, ya sea casado, soltero, rejuntado o viudo, recházalo. Pero no te conformes con despreciarlo interiormente: házselo saber a tu comunidad de vecinos, seguro que ellos también están deseando participar de este rechazo.
3. Pagar por sexo no es sólo malo, además es feo. Más o menos como que un niño se hurgue la nariz -o, como se dice por estos lares (no me preguntéis por qué): se mude-, en las fotos del convite de la comunión de su primo.
4. En Sevilla no existe la prostitución voluntaria, únicamente la explotación sexual.
5. La mujer, en cualquier caso, es una víctima. Si el hombre paga, ¿qué va a hacer la pobre sino prostituírse? Su actitud bajo ningún concepto es reprochable.
6. Actualmente, la opinión general respecto de los hombres que pagan a cambio de un tipo de prostitución que vulnera la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es que son unos machotes. Hay comités de enhorabuena a la salida de los puticlubs clandestinos.
En fin, esto es lo que ocurre cuando uno se pone en manos de una combinación entre el Ayuntamiento sevillano y las gracietas de Aído.

