Las 12 del mediodía, la gusa te impide concentrarte, necesitas llevarte algo a la boca para aplacar al gusanillo.
Decides liquidar el suelto del bolsillo en la máquina expendedora del descansillo, una bolsa de algo atiborrado de grasas y colorantes serán de utilidad para culminar tu cometido... Pero, de repente, la máquina se encasquilla dando al traste con tus planes de engorde y tus ahorros microeconómicos.
Solución, ¿quejarte a la empresa y esperar un mes mínimo para que te obsequien con unas patatas rancias o, en su defecto, un euro?, nah...
Por qué el "Gran Israel" ya no es una fantasía
Hace 29 minutos






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